Petición especial: Ayúdanos Señor a no volver a la normalidad

En todo el mundo, la oración, clamor o plegaria que está llegando al cielo en distintos idiomas y desde distintos credos es: ¡Ayúdanos Señor, a que todo vuelva a la normalidad! Pero, ¿A que llamamos “normalidad”? ¿Qué pasa si nuestra “normalidad” es más bien nuestro principal problema?

¿Qué era la normalidad antes del Covid-19?

¿Hacia dónde iba el mundo antes de este tiempo de crisis? Una parte de la humanidad se había resignado a aceptar ciertas realidades supuestamente imposibles de cambiar o de detener siquiera.

  • Una sociedad de consumo que lo primero que se consume es nuestra vida matrimonial y familiar, sacándonos de casa y llenándonos de deudas y obligaciones.
  • Una clase política corrupta, a la que hay que tolerar con tal de que hagan obras de vez en cuando.
  • Un feminismo radical que considera a todo hombre como abusador y enemigo.
  • Una juventud cada vez más desenfrenada y atea, esclavizada por nuevas adicciones digitales.
  • Un tráfico de drogas que solo se podrá combatir con su legalización.
  • Unas religiones que solo construyen muros y nos distancian los unos a los otros.
  • Un abuso contra nuestra casa común (el planeta) muy difícil de combatir por los intereses económicos que están en juego.
  • Unas ciudades inseguras, donde los delincuentes caminan libremente por las calles y la gente honesta vive tras las rejas que ellos mismos tienen que colocar en sus puertas, ventanas y calles.
  • Una cultura del descarte, que nos enseña a desechar desde platos, cubiertos y pañales; hasta bebés, enfermos y ancianos.
  • Una colonización ideológica que hace pasar mentiras con si fueran verdades, a la cuales simplemente habrá que acostumbrarse.
  • Un largo etcétera de situaciones supuestamente imposibles de cambiar.

Las enseñanzas que esto nos debe dejar

Sin embargo la crisis del Covid-19, junto a la tragedia de las muertes e infecciones masivas, nos deja también muchas enseñanzas. Nos demuestra que aquellas realidades supuestamente imposibles de detener, si pueden ser detenidas. Pueden ser hasta transformadas (al menos por un tiempo) con voluntad, unión, solidaridad, obediencia y sacrificio. Cuando esta crisis sea solo un recuerdo, no debemos olvidar que tuvo que venir un virus contagioso y mortal para que volvamos a casa, para que oremos en familia, para que los políticos se unan al menos parcialmente, para que los delitos y la contaminación disminuyan a niveles increíbles, para preocuparnos por nuestros ancianos y enfermos, para que los radicalismos que destrozan bienes públicos se calmen, para que los jóvenes sean  menos acelerados y para que las religiones dialoguen, tiendan puentes y trabajen por el bien común.

“Señor, tu qué haces nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21, 5) ayúdanos a superar esta crisis, a sanar nuestras heridas, a cambiar nuestra realidad conforme a tu voluntad y construir por fin un mundo nuevo (Romanos 12, 2) amén”

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