No empecemos desde cero, ¡REAPRENDER Y TOMAR IMPULSO!

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El ingreso a una cuarentena total en el Perú, era causa de preocupación e incertidumbre por el impacto económico que esta situación traía consigo; muchos paralizaron su trabajo y optaron por el uso de sus ahorros, otras personas que vivían del día a día de sus ganancias empezaban a desesperarse por el escenario. La Iglesia Católica acataba la medida nacional como parte de las acciones gubernamentales para enfrentar esta pandemia, pero nos dimos cuenta que faltaba una acción inmediata para aquellos que necesitaban ayuda, asumimos que la Iglesia debería ser un luchador frontal y no pasivo frente a todo esto; fue así que la Parroquia San Marcos encabezado por nuestros Sacerdotes Líderes empezaron a convocar a laicos dispuestos a prestar ayuda desinteresada para donar y proveer de alimentos a la población más vulnerable.

La Parroquia San Marcos retomó sus actividades, pero en esta ocasión reorientada y adaptada a la nueva situación; la respuesta fue inmediata, a los pocos días de convocatoria teníamos voluntarios presenciales y donadores; la responsabilidad, así como el riesgo de realizar esta labor era grande pero nuestro prójimo nos necesitaba, por eso muchos días de esta pandemia y cumpliendo todas las medidas de seguridad logramos armar canastas y distribuir alimentos de primera necesidad para más de 32,000 familias incluidas ollas comunes que organizaban las diferentes zonas de la jurisdicción.

Los ambientes de la Parroquia San Marcos que eran usados para misas, reuniones, charlas, actividades eclesiales, etc; pasaron a ser receptores de donaciones y personas que necesitaban de ello. Los voluntarios nos reuníamos dispuestos a seguir ayudando, iniciábamos y terminábamos nuestras jornadas con una oración y nos distribuíamos labores, siempre con seguridad, buen humor, consuelo, pero sobretodo con mucho amor hacia cada acción; por otro lado, nuestros sacerdotes conocían el riesgo y aún en esas circunstancias asumieron la labor más complicada, salir y distribuir cada donación en las viviendas de los más necesitados, ellos no eran ajenos a la incertidumbre, el temor, y el contagio; pero Dios ha guiado y fortalecido cada paso y cada decisión de esta noble labor.

Había un aspecto que no estaban considerando, se había tratado de contrarrestar el impacto económico de la pandemia, pero nos preguntábamos qué sucedía con el impacto social, qué sucedía con el estilo de vida que manteníamos hasta febrero de este 2020; habíamos reprendido a relacionarnos de una manera diferente sin dejar de expresar amor y respeto por nuestro prójimo; pero la Iglesia necesitaba seguir, el católico necesitaba la energía que sentía cuando disfrutaba de una misa presencial, de una adoración al Santísimo, de una jornada full day, de las reuniones por dimensiones; entonces nada podía parar el ímpetu por seguir evangelizando, estábamos dispuestos a asumir este nuevo reto con mucha humildad y amor; cada líder religioso y laico replantearon y renovaron estrategias a seguir; porque habíamos llegado con algo material a muchas personas que sí lo necesitaban pero el espíritu esperaba ser fortalecido de alguna forma y en el camino sentíamos como Dios nos iba amoldando a todo lo nuevo.

Una iglesia responsable de seguir la voluntad de Dios, es una iglesia que transmite amor en toda circunstancia; es así que cambiamos nuestros espacios físicos por los virtuales, habíamos regresado con fuerza, estábamos descubriendo nuevas habilidades y usando recursos informáticos que en un pasado sólo eran para divertirse; ahora podíamos disfrutar de una misa, escuchar una charla, escuchar a los jóvenes pero sobretodo dar esperanza, tranquilidad y consuelo de que Dios puede estar en cualquier espacio si uno lo quiere.

Hoy nos dimos cuenta que vamos más allá de una estructura física, que nuestra estructura espiritual y fe en Dios es capaz de atenuar cualquier miedo, cualquier dificultad y cualquier pandemia; sigamos encontrando a Dios en cada gesto de vida que podamos percibir, en la mirada de nuestros padres, hijos, hermanos, del más necesitado, etc.

Nuestro reconocimiento y agradecimiento a todos los que están sumando en este nuevo caminar, a los voluntarios, los donadores, los líderes de cada espacio de trabajo en la Parroquia, a nuestros Sacerdotes y sobre todo a Dios, porque ha orientado nuestro corazón y conocimiento hacia este reaprendizaje para evangelizar; como dijo el Papa Francisco, ahora no hemos construido muros, hemos sido puentes de ayuda, de fe y perseverancia.

Sigamos orando por esta situación, para que seamos más responsables y para no bajar la guardia, con el anhelo de que un día regresaremos físicamente y podremos abrazarnos, tomarnos de la mano y rezar, ver sonreír a nuestro hermano, poder darnos la paz, reencontrarnos con aquello que tal vez era parte de la rutina pero que nos hacía muy felices.

Por: Juana Huamán G.

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