Fue una Diosidencia

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Durante nuestra vida, atravesamos diferentes sucesos, algunos complicados de los que incluso nos cuesta ponernos en pie, otros en cambio pasaron dejando una sonrisa en nuestros labios o buenos recuerdos en la memoria.

Si bien dicen que de cada situación debemos sacar un aprendizaje, algunas de estas situaciones no ocurren por mera coincidencia, digamos que son por Diosidencia.

Una Diosidencia, no es una palabra que encontrarás en el diccionario, digamos que es una forma en la que llaman a la voluntad y el deseo de Dios ya sea por librarte, concederte o permitirte aprender algo.

Me han contado muchas anécdotas y he vivido algunas otras de las cuales, si tan solo le ponemos un poquitín de atención, será muy fácil darnos cuenta como Dios actúa para nuestro bien en todo momento, incluso para hacernos un llamado especial.

A veces mis amistades me cuentan lo que les sucede y como ellos intentan tantas veces volver a lo mismo y simplemente no se dan las cosas, ante esto solo me pongo a pensar, si realmente tan enfrascados andamos en lo que queremos que no nos damos cuenta que es lo que realmente necesitamos, cuando son repetitivos nuestros intentos para lograr conseguir lo que en ese momento de berrinche interior queremos, solo le falta a Dios mandarnos señales de humo para hacernos notar que no es lo mejor para nosotros, pero nuestro interés nos encapsula y no lo notamos.

En cuestiones del amor cuando ocurren estas Diosidencias, se entiende como que Dios realmente espera más de nosotros o que no es la persona correcta para nosotros, pero de ese tema hablamos en otro momento.

Los episodios difíciles de nuestras vidas, no son la excepción.

Algo que me atrevo a decir y por propia experiencia es que Dios no permite que pase algo de lo que no sepa que eres capaz de sobreponerte, es Dios, nos conoce incluso mejor que nosotros mismos. Pero cualquiera fuera el resultado, Él verá siempre la forma de ponernos en pie, el resto depende de cada uno.

El “todo ocurre por alguna razón”, es cierto y cuando tomamos conciencia de la existencia de Dios y su divinidad, vemos como todo suceso se amolda finalmente y nos va dando la capacidad de entendimiento con el tiempo, ese momento en el que se prende como una bombilla en nuestra mente y nos permite recordar y comprender por qué sucedieron las cosas y hasta terminamos agradeciendo.

Vivir a la voluntad de Dios, decirlo es más fácil que aceptar la necesidad del mismo, yo por ejemplo, a veces me desoriento en el intento, pero me aseguro de tener mi cuerda bien anudada a la mano de Dios.

Te parecerá que entender a Dios, es como leer entre líneas. Te digo algo, cuando quieras entenderle definitivamente no sentirás miedo, sentirás alivio.

No te enfrasques en tus deseos, mira en tu interior y quédate con aquello que realmente te haga bien.

Quizás hoy no pasaste de casualidad para leer este simpático texto, quizás fue también una Diosidencia.

Ave María y Adelante!

Autora: Flor Llanos

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