Evangelizar en tiempos de pandemia

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El 15 de marzo parecía ser un domingo cualquiera, pero todo cambió tras un mensaje a la nación pronunciado por el presidente de la república de aquel entonces. (Han sido tantos).

“Se declara estado de emergencia nacional para hacer frente al coronavirus”.

Quizás, en ese momento no fue “la gran cosa”, pero a nuestros ojos todo cambió. Nuestra vida, realmente cambió. No creo equivocarme.

Llegó el lunes y recuerdo que al salir del trabajo, no llevé solo mi cartera conmigo, a mi casa llegué acompañada de mis materiales de trabajo y no volví a pisar mi centro laboral hasta el 2 de mayo.

¿Vacaciones?, nada de eso, trabajar desde casa resultó ser más agotador.

Recuerdo también haber sentido pavor, no miedo, pavor de volver a trabajar y enfermar y contagiar a más gente. Fue un shock volver, fue triste ver a mis compañeros enfermar. A veces pensé en renunciar, pero vi que Dios deseaba que mantuviera el trabajo, muchos perdieron este derecho, entonces ¿por qué tendría que ser desagradecida y renunciar?

Pero la pandemia no solo tocó el trabajo, los sueños de muchos, la vida de otros tantos, también tocó fondo al osar interrumpir la evangelización.

A estas alturas, a puertas de un fin de año con miles de caídas, ¿crees que lo logró?

Pues no, no lo ha conseguido y es, a mi parecer, algo de lo que también debes sentirte orgulloso, pues también formas parte de la Iglesia, eres de Cristo.

El comienzo de año, prometía un año de preparación de catequesis con mucha alegría, habíamos asistido a un par de capacitaciones y de pronto no se sabía cómo se iba a proceder, si se cancelaban las charlas de catequesis o si buscábamos otros medio para conseguirlo.

Voy a hacer un alto, para hacerte notar algo.

Realmente hemos estado luchando con el enemigo, no diré su nombre, sabe mi ángel guardián que no me agrada, pero sin verlo hemos sentido y vivido las estocadas que nos empujaban de la rendición a la pérdida de Fe.

A tientas, todos hemos sentido miedo de re comenzar, hemos sentido culpa de no lograr metas que se quedaron truncas, hemos llorado pérdidas irreparables.

Pero hay una fuerza que nos puso de pie para seguir adelante.

Fue así, que se tomó la decisión de iniciar la catequesis, diferente, nada parecida a las anteriores, pero jamás perdió su esencia, Dios como mejor motivo para vivir, emprender y revivir nuestra FE.

Te aseguro que extraño las charlas anteriores, pero veo motivados a los catecúmenos* que sábado o domingo siempre están presentes, aquello aviva más la Fe de nosotros los catequistas.

Algunos decidieron no asistir por diferentes motivos y en lo personal, no lo veo como algo malo, pues todo tiene su momento y Dios respeta y nos guía al momento correcto para cada uno.

La pantalla de un celular o la de una computadora si bien parecen fríos medios de comunicación, nos han ayudado a transmitir y el calor se refleja en las risas y en las preguntas y dudas resueltas a los jóvenes.

Las Misas no se cancelaron, aquí también Dios ganó la batalla y lo presumo. (Imaginar el emoji con ojos de estrellitas).

La televisión y las redes sociales que tantas veces se apropian de nuestro tiempo sin mucho beneficio, fueron usadas en contra de lo que nos quiere dar la contra, por expresarlo de alguna manera. La ayuda social, los misioneros viajando para continuar llevando la palabra de Dios, todos unidos. Todos, aún sin conocernos pero con el mismo propósito, transmitir, evangelizar. Llegamos no solo a un  distrito, cruzamos fronteras, el enemigo no contaba con nuestro SOS celestial.

Nuestra Iglesia, no ha sido indiferente a los golpes, Jesús fue el primer evangelizador y no le fue sencillo. ¿Verdad?

Entonces, ¿por qué tendría que ser fácil para nosotros?, cuando dificultades hay, más fuertes nos hacemos, todo es aprendizaje y para seguir la vida de Cristo y plasmar sus palabras en el corazón de las personas y sobre todo enseñar, es necesario hacernos fuertes y resistentes a lo adverso.

La pandemia será acabada,  cuando sigamos ganando estas batallas, cuando le demos la contra a la contra, pero con humildad y ánimo inagotable, con Fe.

Y con la certeza de que Dios es nuestro refugio y fortaleza y a quien debemos depositar toda nuestra confianza eterna.

Y si aún sientes deseos de rendirte, recuerda que tienes esa fuerza interior como pare de tu ser.

Hoy nos miramos tras un protector facial y llevamos una mascarilla, quizás era el momento para hablar menos y ver mejor lo que necesita el mundo, solo así podremos transmitir la verdadera cura, la Palabra de Dios.

Ánimo, Dios está contigo, ¿quién contra ti?

AVE MARÍA Y ADELANTE!

Autora: Flor Llanos

  • Catecúmeno: Persona que se instruye en los principios de la doctrina católica.

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