¿En verdad, te odio?

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Cuántas veces hemos confundido los problemas de la vida diaria con la falta de amor, pensamos que, por un momento de discusión o malos entendidos, se ha terminado la relación que tanto nos ha costado construir. Creemos que ya no hay solución, a veces o casi siempre movidos por la ira somos capaces de decir palabras hirientes, el enojo no nos permite pensar, nos ciega y en lugar de arreglar la situación la empeoramos.

No basta esperar una solución quedándose callado… podríamos plantearnos ser más pacientes, evaluar nuestra reacción y conversar acerca de lo que está pasando, con una voz calmada, sin interrupciones, en un lugar adecuado, mirándose a los ojos, para poder pedir una disculpa sincera y empezar de nuevo.

No podemos detenernos en pensar que es lo que hubiéramos hecho, el amor no se acabó. Tenemos una vida por delante, la relación de pareja consiste en ir mejorando día tras día, maduremos, no se pueden repetir continuamente estas situaciones que van deteriorando la relación.

Nos falta educar nuestro carácter, nuestros sentimientos, nuestra voluntad, nuestra forma de ser, nos falta escuchar, entender, respetar, valorar.

Es importante tener en cuenta que un hogar es guiado por “Dos”, no somos perfectos, ninguno es mejor que el otro, ambos creados por Dios con la misma dignidad, creados por amor, para amar. De los dos depende mejorar la relación, sacar lo mejor de sí, desarrollarse, madurar, seguir enamorados y superar aquel flechazo que hace tiempo desapareció.

Una relación está hecha de “Dos”, la unión no tiene que ser frágil, tiene que resistir a la adversidad, tenemos que poblar nuestra mente de buenos recuerdos desde ahora, consolidar la finalidad del amor conyugal, no nos descuidemos, tratemos de pasar un tiempo solos durante el día, sin hijos, sin familiares o amigos, momentos solo para los dos, donde podamos disfrutar el uno del otro. Tengamos en cuenta que no existen ex-hijos o ex-padres; ellos siempre van a estar ahí. Existen ex esposos, ex esposas; es al cónyuge al que tenemos que poner mayor atención, la esposa debe ser la prioridad del esposo y el esposo la prioridad de la esposa, el amor es reciproco y complementario, sin descuidar a los hijos obviamente, los hijos son mejores si ven que sus padres se aman, se respetan y se valoran.

Los “Dos” deben estar dispuestos a quererse toda la vida, “hasta que la muerte los separe” y no hasta que la vida los separe. Antes las cosas que se malograban se reparaban, en cambio ahora se descarta y se obtiene algo nuevo, como dice Papa Francisco estamos viviendo en una cultura del descarte, me sirves mientras me seas útil, cuando haya consumido todo de ti y ya no me guste o provoque estar contigo, se acabó, me busco a otro u otra según sea el caso, para que me sirva y complazca mis caprichos. El egoísmo destruye la familia.

Cuando se toma la decisión de amar, el egoísmo y los intereses personales quedan descartados, ahora se trata de construir un Nosotros, esto no significa que yo pase a un segundo plano, al contrario solo si me quiero realmente y me valoro, podre amar sinceramente a mi cónyuge como si fuera yo mismo, para así vencer juntos los obstáculos que se presentan a través de los años. Este proceso de maduración en el amor dura toda la vida. Nos vamos fortaleciendo juntos y nos ayuda a consolidar nuestro amor, esto no es perder la libertad, porque solo el que es libre opta por el mayor bien.

El Amor es más que un sentimiento, es un acto voluntario y libre, que nos lleva a buscar el bien del otro pero no a mi manera, sino de la manera que el otro se siente amado, es por eso que tenemos que convertirnos en expertos de nuestro cónyuge, conocer todo sobre el otro para poder entenderlo. No nos dejemos arrastrar por las influencias que nos presenta este mundo, el alcohol, las drogas, la pornografía, la infidelidad, la violencia, etc. que tanto daño hace al matrimonio, tantos vicios que matan la relación que debería ser tan bella, no dejemos que nuestra naturaleza nos arrastre y nos lleve a la desdicha, utilicemos nuestra inteligencia y voluntad, nuestra autodeterminación, construyamos algo nuevo, no soy como mi padre o como mi madre, soy alguien diferente, tenemos la capacidad de ser felices y caminar junto a mi pareja hacia la verdadera felicidad, es más hacia la Santidad.

 

Tomemos la decisión y el compromiso de amar para toda la vida, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, para ser felices a pesar de las circunstancias, pero con un amor reciproco y complementario. Una relación no funciona si solo uno se esmera en amar, una cosa es amar sin esperar nada a cambio y otra cosa es amar sin ser correspondido.

Invitemos a Cristo a nuestra relación, oremos juntos, caminemos hacia la trascendencia juntos, saquemos la mejor versión de nosotros y hagamos que el amor de nuestra vida saque lo mejor de sí, para disfrutar de nuestro amor ahora en este tiempo presente, no sabemos que pasará mañana, no esperemos que nuestro esposo(a) deje este mundo, para empezar a valorarlo, cuando ya es tarde, cuando ya no se pueda retroceder el tiempo y no pueda hacerse nada más.

Ánimo, mucho de lo que nos pasa está en nuestras manos, pidamos a nuestro Padre Celestial que nos ayude, que no permita que nos hagamos tanto daño con palabras o actos desafortunados, que siempre lo sigamos como modelo de amor y que nos regale la compañía de su madre Santísima para que sea nuestra guía y nos acompañe siempre.

Por: Luz Delgado/ Pepe Paredes.

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