El Papa Benedicto XVI, con ocasión del 150 aniversario de la muerte de
San Juan Mª Vianney, a quien proclamó patrono de todos los sacerdotes del
mundo, convocó un Año Sacerdotal, para rezar por la santificación de los
sacerdotes. Este año comenzó el 19 de junio del 2009 y concluirá el 19 de
junio de 2010; en él se conceden muchas indulgencias, que, a continuación se
detallan. Aprovechemos esta riqueza espiritual, que tanto bien reportará a
los sacerdotes.
1.- A los
sacerdotes realmente arrepentidos, que cualquier día recen con devoción, al
menos las laúdes matutinas a las vísperas ante el Santísimo Sacramento, expuesto
a la adoración pública o reservada en el sagrario, y a ejemplo de San Juan Mª
Vianney, se ofrezcan con espíritu dispuesto y generoso ala celebración de los
sacramentos, sobre todo al de la penitencia, se les imparte misericordiosamente
en Dios, la indulgencia
plenaria, que podrán aplicar también a los presbíteros difuntos
como sufragio de si, de acuerdo a las normas vigentes, se acercan a la
confesión sacramental, y al banquete eucarístico y oran según las intenciones
del Sumo Pontífice
A los sacerdotes
se les concede además indulgencia parcial, también aplicable a los presbíteros
difuntos, cada vez que recen con devoción oraciones aprobadas, para llevar una
vida santa y cumplir santamente las tareas a ellos encomendadas.
2.- A todos los
fieles realmente arrepentidos que, en una iglesia u oratorio asistan con
devoción al sacrificio divino de la misa, y ofrezcan por los sacerdotes de la
iglesia oraciones a Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, y cualquier obra buena
realizada ese día, para que los santifique y los modele según su corazón, se
les concede la indulgencia plenaria, a condición de que hayan expiado
sus pecados con la penitencia sacramental y hayan elevado oraciones según la
intención del Sumo Pontífice: en los días que se abre y se clausura el Año
Sacerdotal, en el día 150 aniversario de la piadosa muerte de San Juan Mª
Vianney, en el primer jueves de mes, o en cualquier otro día establecido por
los Ordinarios de los lugares para utilidad de los fieles.
También se
concede indulgencia
plenaria a los ancianos , a los enfermos, y atodos aquellos que
por motivos legítimos no puedan salir de casa, sin con espíritu desprendido de
cualquier pecado y con la intención de cumplir cuanto les sea posible, las tres
acostumbradas condiciones, en su casa o donde se encuentren a causa de su
impedimento, en los días antes determinados, rezan oraciones por la
santificación de los sacerdotes, y ofrecen con confianza a Dios, por medio de
María Reina de los Apóstoles, sus enfermedades y las molestias de su vida.
Por último, se
concede la indulgencia
parcial a todos los fieles, cada vez que recen con devoción en
honor al Sagrado Corazón de Jesús cinco padrenuestros, avemarías y glorias u
otra oración aprobada especificamente, para que los sacerdotes se conserven en
pureza y santidad de vida.
ORACIÓN
POR LOS SACERDOTES
Dios todopoderoso y eterno, mira con amor el rostro de tu Hijo, y por el
amor a Él, que es Sumo y Eterno Sacerdote, ten misericordia de tus sacerdotes.
Acuérdate, oh compasivo Señor que ellos son sino frágiles y débiles
seres humanos.
Renueva en ellos el don de la vocación que de modo admirable se
consolidó por la imposición de manos de tus obispos.
Mantelos siempre cerca de Ti, no permitas que el enemigo les venza para
que nunca se hagan partícipes de las más mínima falta
contra el honor de tan sublime vocación.
Señor Jesús, te pido por tus fieles y fervorosos sacerdotes, así como
por los sacerdotes infieles y tibios; por los sacerdotes que trabajan en su
propia tierra o los que te sirven lejos en lugares o misiones distantes; por
tus sacerdotes tentados, por los que sienten la soledad, el tedio o el
cansacio; por los sacerdotes jóvenes o por los que están a punto de morir, así
como por las almas de sacerdotes en el purgatorio.
Pero sobre todo, te encomendamos a los sacerdotes que más apreciamos:
el sacerdote que me bautizó, o me ha absuelto de mis pecados; los sacerdotes a
cuyas misas he asistido y me han dado tu Cuerpo y Sangre en la Comunión; los
sacerdotes que me han aconsejado, me han consolado o animado y aquellos a los
que de alguna manera les estoy más en deuda.
¡Oh Jesús!, mantelos a todos cerca de tu corazón y bendícelos
abundantemente en el tiempo y en la eternidad. Amén