Santos niños Justo y Pastor
"Mientras
eran conducidos al lugar del suplicio mutuamente se estimulaban los dos
corderitos. Porque Justo, el más pequeño, temeroso de que su hermano
desfalleciera, le hablaba así: "No tengas miedo, hermanito, de la muerte
del cuerpo y de los tormentos; recibe tranquilo el golpe de la espada. Que
aquel Dios que se ha dignado llamarnos a una gracia tan grande nos dará fuerzas
proporcionadas a los dolores que nos esperan". Y Pastor le contestaba:
"Dices bien, hermano mío. Con gusto te haré compañía en el martirio para
alcanzar contigo la gloria de este combate".
Estas fueron las últimas palabras, según la tradición de
las actas y reproducido posteriormente por San Ildefonso (muerto en el año 667)
pronunciadas por los dos hermanos antes de recibir la muerte de manos de sus
asesinos.
Los cristianos llevaban casi 40
años sin ser perseguidos, por los que las comunidades habían cobrado fuerza,
pero en el año 304, el emperador Diocesano, aconsejado por su yerno Galileo, y
debido a las presiones interna y externas a las que se veía sometido su imperio
promulgó la Gran Persecución contra los cristianos.
En aquellos días en España regía
Maximiliano Hércules como procónsul o el gobernador Daciano que a partir del
edicto final del año 304 comienzan las persecuciones y los horrores.
Fueron miles los mártires
asesinados en aquellos días. En la tradición de Alcalá de Henares se cuenta que
eran conducidos a las afueras de la
ciudad y ajusticiados para intentar hacer pasar inadvertido el crimen. Por
desgracia en muchas ocasiones lo consiguieron.
Nuestros santos niños Justo y
Pastor contaban con edad de 7 y 9 años respectivamente cuando decidieron plantar
cara al tirano Daciano y confesaron su fe delante de él. Éste no duda en mandarlos
degollar.
En la santa iglesia magistral de
Alcalá de Henares se expone una piedra en la que, según cuenta la tradición, se
puede observar una cavidad creada por las rodillas de los niños al postrarse
ante el verdugo.
Los primeros escritos que hacen
referencia a Justo y Pastor se remontan a la estrofa de un poema de Prudencio (muerto
en el año 405)que viene a decir: "Siempre
será una gloria para Alcalá el llevar en su regazo la sangre de Justo con la de
Pastor, dos sepulcros iguales donde se contiene el don de ambos: sus preciosos
miembros."
Justo y Pastor también se nombran en los calendarios
mozárabes y existe el testimonio de San Paulino, que en el año 392 enterró a un
hijo suyo junto a los mártires de Alcalá.
Oficialmente desde finales del siglo IV, unos 80 años después
de su martirio, empezaría el culto en honor a los niños mártires Justo y Pastor.
Al obispo Asturio de Toledo, le atribuye Ildefonso el
hallazgo de la sepultura, iluminado en todo momento por Dios. El mismo San
Ildefonso edificó la primera basílica en honor a los santos niños y su devoción
por ellos fue tan intensa que jamás regresó a Toledo y permaneció en Alcalá
hasta su muerte. Gracias a Asturio, Alcalá se constituyó en diócesis siendo él
su primer obispo.
A este obispo, venerado ya como santo, se le atribuye la
Misa y el oficio de los dos niños mártires:
“Verdaderamente
santo, verdaderamente bendito Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que robusteció
la infancia de sus pequeños Justo y Pastor para que, a pesar de su tierna edad,
pudiesen soportar los tormentos del perseguidor, y que en ellos se dignó hablar
por el don de la gracia, cuando ambos se estimulaban mutuamente para el
martirio, quienes habían de alcanzarlo, no por la fortaleza de su cuerpo, sino
de su espíritu... Te pedimos que merezcamos vivir con la inocencia de aquellos
cuya fiesta solemne celebramos hoy. Por Cristo, Señor y Redentor eterno"